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Cuando hablamos de alimentación equilibrada, nos referimos a aquella que mantiene a una persona en estado óptimo de salud y le permite desarrollar sus actividades cotidianas. Para ello, es preciso que aporte los nutrientes necesarios en la proporción adecuada.
Los desequilibrios en la alimentación pueden llevar a trastornos, tanto por exceso (obesidad, hipertensión, colesterol alto), como por defecto (falta de vitaminas, anemia).
En los últimos años, se ha producido un aumento considerable del consumo de grasas, que ha derivado en desequilibrios causados por un consumo excesivo de ácidos grasos saturados. Estos ácidos -presentes en las carnes rojas, embutidos, lácteos, huevos y numerosos productos prefabricados- pueden tener, a largo plazo, un efecto negativo para la salud.
Para remediarlo, debemos adoptar una dieta equilibrada, que sea:
- Completa: debe aportar la cantidad suficiente de nutrientes.
- Equilibrada: debe aportarlos en las proporciones adecuadas.
- Variada: los nutrientes deben provenir de diferentes alimentos.
En la pirámide nutricional podemos observar las distintas proporciones de alimentos que deberían estar presentes en una dieta equilibrada.